martes, 15 de agosto de 2017
TEORÍAS FÍSICAS: EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE DE HEISENBERG
El principio de incertidumbre de Heisenberg es,
probablemente, el segundo logro más célebre de la física moderna después de la
fórmula E=mc2 (el más famoso resultado de la Teoría de la
Relatividad), ya que explica cómo se comportan los objetos cuánticos, como por
ejemplo, los átomos y las pequeñas partículas en su interior, y tiene numerosas
consecuencias de importancia. Por ejemplo, sin ella, el Sol no podría brillar,
ya que es la razón por la que los núcleos de hidrógeno pueden fusionarse para
producir luz y calor. Lo formuló el físico alemán Werner Heisenberg en 1927,
por lo que lleva su nombre.
Heisenberg se dio cuenta de que la teoría cuántica contenía ciertas predicciones extrañas. Implicaba que los experimentos nunca podían realizarse en completo aislamiento porque el propio acto de medir afectaba el resultado. El principio afirma, por ejemplo, que nunca es posible saber donde se encuentra exactamente un electrón, y, al mismo tiempo, a qué velocidad se mueve, es decir, que la posición o la velocidad de una partícula no pueden conocerse simultáneamente con precisión, y que una de las dos magnitudes puede medirse, en principio, con extraordinaria precisión, siempre que renunciemos a cualquier conocimiento sobre la otra. Más concretamente, Heisenberg argumentó que aunque fuésemos capaces de construir un instrumento de medida con una precisión infinita, seguiríamos sin ser capaces de determinar, simultáneamente y con exactitud, la posición y el momento (es decir, la masa multiplicada por la velocidad) de una partícula subatómica, por lo que cuanto más precisa sea la medida de posición, más imprecisa será la medida de velocidad, y viceversa. Si se conoce uno de los dos, el otro siempre es incierto. Si atribuimos todo a los efectos de la medición, implícitamente asumimos que lo que medimos tiene propiedades ciertas y bien definidas, y, por tanto, la incertidumbre de esos valores se debería sólo a perturbaciones relacionadas con el acto de medirlas. Sin embargo, sabemos que eso no es así: en la teoría cuántica, esas cantidades no tienen valores seguros. Por tanto, no son inciertos por los límites de la capacidad de medición, sino porque no están definidas y porque, de hecho, no pueden definirse por la naturaleza cuántica de la realidad.
El principio de incertidumbre resulta significativo a la escala de átomos y partículas subatómicas. Es como si cuando medimos la posición de un nadador no pudiéramos conocer su velocidad en ese mismo instante. Se pueden conocer las dos aproximadamente, pero en cuanto se ponen en relación una con otra se vuelve más incierto. Según Heisenberg, no tenemos modo alguno de saber dónde está una cosa hasta que la medimos. También señaló que tampoco es posible predecir la trayectoria futura de una partícula. A causa de estas incertidumbres sobre su posición y velocidad, el resultado futuro también era impredecible. El principio de incertidumbre es la razón por la que los aceleradores de partículas, como el Gran Colisionador de Hadrones, son tan grandes. Para poder manejar distancias mil veces menores que el tamño de un protón, se requieren haces de partículas cuyas energías son billones d eveces mayores que las de las partículas a temperatura ambiente. Por ello se necesitan los grandes aceleradores, para aportar a los haces tales magnitudes de energía.
Para aquellos científicos que aceptan la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg significa que el universo físico no existe literalmente de forma determinista, sino que se trata más bien de una serie de probabilidades. Por primera vez, la física sobrepasó la experiencia del laboratorio y penetró con firmeza en el reino de las matemáticas abstractas.
Enunciado Matemático
Heisenberg se dio cuenta de que la teoría cuántica contenía ciertas predicciones extrañas. Implicaba que los experimentos nunca podían realizarse en completo aislamiento porque el propio acto de medir afectaba el resultado. El principio afirma, por ejemplo, que nunca es posible saber donde se encuentra exactamente un electrón, y, al mismo tiempo, a qué velocidad se mueve, es decir, que la posición o la velocidad de una partícula no pueden conocerse simultáneamente con precisión, y que una de las dos magnitudes puede medirse, en principio, con extraordinaria precisión, siempre que renunciemos a cualquier conocimiento sobre la otra. Más concretamente, Heisenberg argumentó que aunque fuésemos capaces de construir un instrumento de medida con una precisión infinita, seguiríamos sin ser capaces de determinar, simultáneamente y con exactitud, la posición y el momento (es decir, la masa multiplicada por la velocidad) de una partícula subatómica, por lo que cuanto más precisa sea la medida de posición, más imprecisa será la medida de velocidad, y viceversa. Si se conoce uno de los dos, el otro siempre es incierto. Si atribuimos todo a los efectos de la medición, implícitamente asumimos que lo que medimos tiene propiedades ciertas y bien definidas, y, por tanto, la incertidumbre de esos valores se debería sólo a perturbaciones relacionadas con el acto de medirlas. Sin embargo, sabemos que eso no es así: en la teoría cuántica, esas cantidades no tienen valores seguros. Por tanto, no son inciertos por los límites de la capacidad de medición, sino porque no están definidas y porque, de hecho, no pueden definirse por la naturaleza cuántica de la realidad.
El principio de incertidumbre resulta significativo a la escala de átomos y partículas subatómicas. Es como si cuando medimos la posición de un nadador no pudiéramos conocer su velocidad en ese mismo instante. Se pueden conocer las dos aproximadamente, pero en cuanto se ponen en relación una con otra se vuelve más incierto. Según Heisenberg, no tenemos modo alguno de saber dónde está una cosa hasta que la medimos. También señaló que tampoco es posible predecir la trayectoria futura de una partícula. A causa de estas incertidumbres sobre su posición y velocidad, el resultado futuro también era impredecible. El principio de incertidumbre es la razón por la que los aceleradores de partículas, como el Gran Colisionador de Hadrones, son tan grandes. Para poder manejar distancias mil veces menores que el tamño de un protón, se requieren haces de partículas cuyas energías son billones d eveces mayores que las de las partículas a temperatura ambiente. Por ello se necesitan los grandes aceleradores, para aportar a los haces tales magnitudes de energía.
Para aquellos científicos que aceptan la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg significa que el universo físico no existe literalmente de forma determinista, sino que se trata más bien de una serie de probabilidades. Por primera vez, la física sobrepasó la experiencia del laboratorio y penetró con firmeza en el reino de las matemáticas abstractas.
Enunciado Matemático
No se trata de una ecuación, sino de una inecuación, que establece que la energía total de una partícula puede variar en un determinado valor, ΔE, por un corto tiempo, Δt, siempre que se verifique
que el producto del miembro izquierdo siempre es mayor que un valor constante,
(en este caso, h, que representa la constante de Planck) aunque sea muy
pequeño. Esto significa que si queremos medir la ubicación de una
partícula de forma precisa, es decir, con un ΔE reducido, entonces el
desvío de la medición de su impulso, Δt, será tanto mayor. La precisión en
el caso de ambas magnitudes es por principio imposible e implica a su
vez que la ley de la conservación de la energía puede dejar de cumplirse
durante períodos de tiempo muy cortos.
Bibliografía
ORZEL, CHAD, Conversaciones
de física con mi perro; [traducción, Julia Andrea Alquézar
Solsona]. 1ª ed. [Barcelona]: Ariel, 2010. 222 p.
ROSENBLUM, BRUCE Y KUTTNER, FRED,
El enigma cuántico : encuentros
entre la física y la conciencia; traducción de Ambrosio García Leal. 1ª ed.
Barcelona : Tusquets, 2010. 257 p.
S/A, Y si Einstein estuviera equivocado?
: las grandes preguntas de la física / editor, Brian Clegg ; prólogo de Jim
Al-Khalili ; [traducción de Alfredo Brotons Muñoz]. Tres Cantos, Madrid : Akal,
cop. 2014. 160 p.
BAKER, JOANNE, 50 cosas que
hay que saber sobre física / traducción de Blanca Ribera de
Madariaga. 1ª ed. Barcelona : Ariel, 2009. 215 p.
CLEGG, BRIAN, 50 temas
fascinantes de la física cuántica que invitan a reflexionar /colaboradores,
Philip Ball... [et al.]. Barcelona : Blume, cop. 2015. 160 p.
PARSONS, PAUL; 50 teorías científicas
revolucionarias e imaginativas / Tom Jackson ; colaboradores, Jim Al-Khalili
... [et al.] ; [traducción, Alfonso Rodríguez Arias]. Barcelona : Blume, cop.
2010. 160 p.
lunes, 14 de agosto de 2017
HISTORIA DE LOS DIOSES, HÉROES Y SEMIDIOSES GRECOLATINOS - AQUILES
Aquiles era
oriundo de Tesalia, hijo de Peleo, el rey mortal de los mirmidones, y Tetis,
una ninfa. Su madre, para que fuera invulnerable, lo sumergió en las aguas de
la Laguna Estigia, olvidándose, por desgracia, de sumergirle el talón por el
que lo sujetaba, con lo que dejó este punto vulnerable a una herida mortal. Cuidó
de su educación el centauro Quirón, el sabio centauro que había criado ya
a tantos otros héroes, que lo alimentaba con sesos de leones y tigres y médula
de oso y jabalí. Con seis años, mató a su primer jabalí y podía correr más
rápido que los ciervos salvajes en las cacerías. Creció y se convirtió en el
héroe más valiente, hermoso y rápido de todos.
Advertida su
madre por los oráculos de que la ciudad de Troya no podría ser conquistada sin
su ayuda, pero que perecería en aquella guerra, le disfrazó de mujer y con el
nombre de Pirra lo envió a la corte del rey de la isla de Sciros, Licomedes.
Allí se
enamoró de la hija de éste, Deidamia, le reveló quién era y se casó
secretamente con ella.
Como también a
los príncipes griegos les había sido predicho que no podrían tomar la ciudad
sin la ayuda de Aquiles, le andaban buscando, y Ulises, que era muy astuto,
se disfrazó de mercader, y presentó a la princesa Deidamia y a sus acompañantes
una caja que contenía joyas y armas; todas eligieron joyas, pero Aquiles cogió
una espada, por lo cual fue conocido por Ulises, que lo convenció fácilmente a
que se uniese a la expedición que iba a Troya. Al ver que no había otro
remedio, su madre Tetis le entregó un escudo hecho por Hefesto, dándole además
cuatro caballos inmortales. Aquiles fue el primero de los héroes de la
Grecia y el terror de sus enemigos. Conquistó varias ciudades, entre ellas a
Tebas. Durante el sitio de Troya, Agamenón le arrebató una esclava
llamada Briseida. Esto le ofendió a tal punto, que se metió en su tienda y
no quiso tomar más parte en los combates, lo cual dio muchas ventajas a los
troyanos. Pero Patroclo hijo de Menecio, rey de Opunte y amigo íntimo
de Aquiles y amantes desde muy jóvenes, no lo entiende, lleno de furia y
celos, arrebata la armadura de su amante para luchar y reta a Héctor, hijo
del rey de Troya, el anciano Príamo, Patroclo luchó con valentía, pero fue
muerto por Héctor. La noticia de la muerte de su mejor amigo sumió a Aquiles en
el mayor dolor. Sus amigos trajeron el cuerpo de Patroclo del campo de batalla
pero él no les deja enterrarlo. Se echa sobre él, rodeándolo con sus brazos,
sollozando desesperadamente. Su estado de ánimo es tal que su propia madre,
Tetis, baja del Olimpo para devolverle, al camino de la razón: «Ya has llorado
bastante a Patroclo –le dice–, ya ha llegado para ti el momento de tomar esposa».
Pero Aquiles no podrá pensar en otra cosa que no fuese su compañero enamorado,
a quien recrimina amargamente haber jugado con su vida: «No tuviste
consideración por mi pura reverencia hacia tus muslos, ingrato a despecho de
nuestros muchos besos.» Para nosotros, la recomendación de Tetis es más que
comprensible, considerada desde el punto de vista de la ética sexual griega:
las relaciones entre hombres estaban permitidas pero no debían ser exclusivas,
no debían llevar a olvidar que el deber cívico de tomar esposa. Aquiles ya
había alcanzado la edad y Tetis siente la necesidad de recordar a su hijo que
la vida debe continuar según las reglas establecidas, a las que ni siquiera un
gran amor puede sustraerle.
A modo de
venganza, Aquiles no solo mató a Héctor, el principal adversario del bando
troyano, sino que arrastró su cadáver atado a su carro alrededor de la ciudad y
del sepulcro de Patroclo y no transigió hasta que, ablandado por las súplicas y
lágrimas de su padre, Príamo, le suplicó que le devolviera el cadáver, que fue
solemnemente incinerado en Troya.
Príamo había
llevado consigo a la tienda de Aquiles a su familia, y entonces, el
héroe se enamoró de la bella Polixena, hija de aquél, y se la pidió a su padre.
Este se la concedió, y estándose efectuando en el templo la ceremonia nupcial, Paris,
hermano de Héctor, tiró una flecha a Aquiles que le hirió en el talón y le
mató.
Al saber la
muerte de su hijo, salió Tetis con un coro de Nereidas del seno de
las ondas, y vino a llorar a su hijo. También las nueve Musas dejaron
oír sus lamentos, porque era Aquiles gran poeta y músico. A los
diecisiete días fue enterrado este héroe en un suntuoso sepulcro que se le
construyó en el promontorio Sigea, a la orilla del Helesponto. Fue reverenciada
su memoria como la de un semidiós. Se le erigió un templo, y se establecieron
fiestas en su honor.
La Furia de Aquiles, François-Léon
Benouville (1821–1859) (Musée Fabre).
Bibliografía
REPOLLES GOMEZ, JOSÉ; Las
Mejores Leyendas Mitológicas; EDITORIAL OPTIMA S.L. Barcelona, 2002. 416 p.
CANTARELLA, EVA; El dios del amor: una
introducción a los mitos y leyendas de la Antigüedad. Barcelona [etc.]:
Paidós, D.L. 2009. 158 p.
SEGAL, ROBERT A.; 50 relatos mitológicos;
colaboradores, Viv Croot... [et al.]. 1ª ed. Barcelona : Blume, 2017. 160 p.
http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-homosexualidad/literatura-gay/mitos-leyendas-gay/griega-gay/aquiles-patroclo-mito-gay/aquiles-patroclo-mito-gay.html
miércoles, 10 de mayo de 2017
Curso Básico De Alemán Para Principiantes: Unidad 4 Lección 13
EL TIEMPO PRESENTE DE
LOS VERBOS REGULARES
En los verbos se distinguen la raíz y la
terminación. Las letras radicales son las que preceden a la terminación del
infinitivo, que en alemán es -en o -e.
En los verbos regulares, también denominados ‘verbos débiles’, la raíz no se altera y la conjugación se
efectúa añadiendo las terminaciones a la raíz. La inmensa mayoría de los verbos
alemanes –en torno a los cien mil– pertenecen a esta categoría y su presente se
forma quitando la terminación del infinitivo -en
y añadiendo las
terminaciones -e, -(e)st, -(e)st, -(e)t, -en, -(e)t, -en al radical. Si la raíz termina en -d o -t aparece
una e entre la raíz y la terminación en la segunda y tercera personas
del singular y en la segunda del plural ver
reden). Comparten
esta característica los verbos cuya raíz termina en -m o -n precedida de otra consonante que no sea m, n,
r, l, h ver atmen). Para los verbos cuya raíz termina en -s, -ß o -z, la
terminación de la segunda persona es –t (ver heißen). Finalmente, los verbos cuyo infinitivo
termina en -eln pierden la e antes de la l en la primera persona del singular (ver behandeln). Esto también puede
aplicarse en los verbos terminados en -ern,
aunque no siempre sucede (ver bewundern).
frag-en
|
red-en
|
atm-en
|
|
(preguntar)
|
(hablar)
|
(respirar)
|
|
ich
|
frage
|
rede
|
atme
|
du
|
fragst
|
redest
|
atmest
|
er/sie/es
|
fragt
|
redet
|
atmet
|
wir
|
fragen
|
reden
|
atmen
|
ihr
|
fragt
|
redet
|
atmet
|
Sie/sie
|
fragen
|
reden
|
atmen
|
heiß-en
|
behandel-n
|
bewunder-n
|
|
(llamarse)
|
(tratar)
|
(admirar)
|
|
ich
|
heiße
|
behandle
|
bewundere
|
du
|
heißt
|
behandelst
|
bewunderst
|
er/sie/es
|
heißt
|
behandelt
|
bewundert
|
wir
|
heißen
|
behandeln
|
bewundern
|
ihr
|
heißt
|
behandelt
|
bewundert
|
Sie/sie
|
heißen
|
behandeln
|
bewundern
|
El verbo haben
es un verbo débil, pero es irregular en ciertas personas:
ich
|
habe
|
du
|
hast
|
er/sie/es
|
hat
|
wir
|
haben
|
ihr
|
habt
|
Sie/sie
|
haben
|
EL TIEMPO PRESENTE DE
LOS VERBOS IRREGULARES
En los verbos irregulares, también denominados ‘verbos fuertes’, el presente se forma añadiendo las
terminaciones -e, -(e)st, -(e)st, -(e)t, -en, -(e)t, -en. La vocal
del radical de ciertos verbos cambia en la segunda y tercera persona del
singular.
find-en
|
seh-en
|
fahr-en
|
|
(encontrar)
|
(ver)
|
(viajar)
|
|
ich
|
finde
|
sehe
|
fahre
|
du
|
findest
|
siehst
|
fährst
|
er/sie/es
|
findet
|
sieht
|
fährt
|
wir
|
finden
|
sehen
|
fahren
|
ihr
|
findet
|
seht
|
fahrt
|
Sie/sie
|
finden
|
sehen
|
fahren
|
stoß-en
|
geh-en
|
werf-en
|
|
(empujar)
|
(ir)
|
(tirar)
|
|
ich
|
stoße
|
gehe
|
werfe
|
du
|
stößt
|
gehst
|
wirfst
|
er/sie/es
|
stößt
|
geht
|
wirft
|
wir
|
stoßen
|
gehen
|
werfen
|
ihr
|
stößt
|
geht
|
werft
|
Sie/sie
|
stoßen
|
gehen
|
werfen
|
sein (*)
|
werd-en
|
bitt-en
|
|
(ser, estar)
|
(convertirse en)
|
(rogar, pedir)
|
|
ich
|
bin
|
werde
|
bitte
|
du
|
bist
|
wirst
|
bittest
|
er/sie/es
|
ist
|
wird
|
bittet
|
wir
|
sind
|
werden
|
bitten
|
ihr
|
seid
|
werdet
|
bittet
|
Sie/sie
|
sind
|
werden
|
bitten
|
(*)sein presenta una forma totalmente
irregular en el presente.
Los
verbos irregulares, o fuertes, se caracterizan por el cambio o
modificación de la radical en la segunda y tercera persona del singular. Los
cambios más frecuentes en el radical del verbo son:
a→ ä: ver fahren.
Los verbos fuertes cuya raíz termina en -t
o en -d y que su vocal del radical
es a, experimentan un cambio a ä.
E (corta)→ i: ver werden y werfen. La mayoría de los verbos cuya vocal del radical es e experimentan un cambio a i.
E (larga)→ ie: ver sehen. Este
cambio se suele producir cuando la e
va seguida de una h:
befehlen
|
→
|
befiehlt
|
geschehen
|
→
|
geschieht
|
lesen
|
→
|
liest
|
De igual forma, se intercala una e delante de las terminaciones en -st y -t en los verbos cuyo radical termina en -t o -d (ver bitten), salvo cuando se ha producido
un cambio de vocal. Comparese finden y
bitten mas arriba con:
laden
|
→
|
lädst
|
schelten
|
→
|
schiltst
|
raten
|
→
|
rätst
|
schmelzen
|
→
|
schmilzt
|
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